Cuando un régimen violenta el preámbulo y los principios fundamentales de la carta magna, estamos en presencia de un estado fallido; ese es el caso de Venezuela.  0

Rafael-Marin

Cuando un régimen violenta el preámbulo y los principios fundamentales de la carta magna, es decir, la dogmática constitucional, contentiva del pacto social expresado soberanamente  por el poder originario que reside en el pueblo, estamos en presencia de un estado fallido; ese es el caso de Venezuela.

De: Rafael Marín

Los tres lustros de  chavismo no marcan el nacimiento de una nueva época, son más bien los estertores de un período histórico que nació con la revolución de octubre de 1945;  llegó al poder cabalgando sobre una crisis general, agudizada en los últimos gobiernos democráticos, con la promesa de refundar la República sobre las bases de un estado soberano y una sociedad auténticamente democrática. Han hecho exactamente lo contrario, a las innegables conquistas  y avances logrados hasta 1998, han superpuesto, mutatis mutandis, el fracasado modelo castro cubano, ese acto de entrega voluntaria, en condición de vasallos, a los dictámenes ideológicos y políticos de la Habana, explican la inviabilidad del sistema impuesto por esta suerte de “corte de los milagros” hegemónica y corrupta que nos desgobierna y amenaza  nuestra condición de país soberano.

Asistimos a un colapso irrefrenable de los factores existenciales del estado venezolano; un poder político proto-totalitario que paradójicamente ha resignado la gobernabilidad  en manos de grupos paramilitares y parapoliciales, los cuales siembran el terror y la inseguridad, liquidando todo principio de autoridad, que usa las instituciones del estado arbitraria y antidemocráticamente, que vulnera la soberanía popular, desconociendo  legítimas autoridades electas, cuando no le son afectas, creando estructuras  paralelas sin base constitucional alguna; un gobierno que ha destruido el aparato productivo estatal y privado,  al cual le ha confiscado sus propiedades; que ha generado una pavorosa inflación que destruye el ingreso y la calidad de vida de una población, que no tiene acceso a la canasta básica, ni a la salud, ni a la educación, ni a servicios públicos de calidad y a la que se le arrebató su derecho a la protesta y a la libre expresión, reprimida por el maridaje de los cuerpos armados del estado y el hampa que  el prohija; un gobierno pródigo que dilapida nuestra renta petrolera, que abandona la defensa de nuestro territorio amenazado por la narco guerrilla colombiana y por los actos de soberanía que en nuestro suelo ejecuta, a su antojo, Guyana; proyecta ,indudablemente, el perfil de un estado fallido.

Es necesario un revulsivo político que nos coloque en la vía de salvar al país; salidas hay, pero para refundar la República, tarde o temprano la constituyente será la vía.

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